La Oración del Hondureño fue escrita por el Poeta, periodista, narrador y editor José Froylán de Jesús Turcios, más conocido como Froylán Turcios.

Don Froylán Turcios nació en la ciudad de Juticalpa el 7 de Junio de 1874. En el campo político, fue Diputado del Congreso Nacional, Ministro de Gobernación y delegado de Honduras ante la Sociedad de Naciones de Ginebra, Suiza.

Fue un destacado periodista que dirigió el diario El Tiempo de Tegucigalpa y fue el fundador de las revistas El Tiempo, El Pensamiento (1984) Revista Nueva (1902) Arte y Letras (1903) y Esfinge (1905).

Entre las obras más famosas de este influyente Poeta Hondureño estan las siguientes:
El Vampiro (1910) y El Fantasma Blanco (1911).

Entre los mejores volúmenes de poesía y cuento podemos mencionar:

Mariposas (1895), Renglones (1899), Hojas de Otoño (1905), Prosas Nuevas (1914), Flores Sonora (1915), Cuentos del amor y de la Muerte (1930), Paginas del Ayer (1932), Cuentos Completos (1995).

La Oración del Hondureño que don Froylán Turcios escribió la hizo inspirado en la gente noble y los bellos paisajes de Honduras.

Froylán Turcios murió el 19 de Noviembre de 1943 en San José, Costa Rica.

Oración del Hondureño

¡Bendiga Dios la pródiga tierra en que nací!

Honduras Centroamerica

Fecunden el sol y las lluvias sus campos labrantíos; florezcan sus industrias y todas sus riquezas esplendan bajo su cielo de zafiro.

Mi corazón y mi pensamiento, en una sola voluntad, exaltarán su nombre, en un constante esfuerzo por su cultura.

Número en acción en la conquista de sus altos valores morales, factor permanente de la paz y del trabajo, me sumaré a sus energías; en el hogar, en la sociedad o en los negocios públicos, en cualquier aspecto de mi destino, siempre tendré presente mi obligación ineludible de contribuir a la gloria de Honduras.

Huiré del alcohol y del juego, y de todo cuanto pueda disminuir mi personalidad, para merecer el honor de figurar entre sus hijos mejores.

Respetaré sus simbolos eternos y la memoria de sus próceres, admirando a sus hombres ilustres y a todos los que sobresalgan por enaltecerla.

Y no olvidaré jamás que mi primer deber será, en todo tiempo, defender con valor su soberanía, su integridad territorial, su dignidad de nación independiente; prefiriendo morir mil veces antes que ver profanado su suelo, roto su escudo, vencido su brillante pabellón.

¡Bendiga Dios la prodiga tierra en que nací!
Libre y civilizada, agrande su poder en los tiempos y brille su nombre en las amplias conquistas de la justicia y del derecho.

Froylán Turcios